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Prevención 03/06/2006
Cuidados durante el embarazo
En verdad, deberíamos comenzar por hablar de los cuidados previos al embarazo, tanto en el orden general como en el particular.

Entre los de orden general, que son los que deben adoptarse antes de la gestación, hay que destacar la importancia de suplementar la dieta con la administración de ácido fólico, que en todos los casos se debe extender hasta alrededor de las 12 semanas de embarazo, y con un polivitamínico, durante las semanas anteriores al embarazo, dado que por el ritmo de vida que se lleva suele observarse un déficit de sustancias importantes durante la embriogénesis y la gestación.

Entre los de orden particular, es prudente recordar que toda paciente que padezca una enfermedad determinada debe realizar una consulta antes del embarazo, pues esto permitirá evaluar su estado general, cambiar eventualmente alguna medicación por otra compatible con la gestación y evaluar la conveniencia de  embarazarse y/o las eventuales complicaciones que podrían surgir. Por ejemplo, si una paciente diabética desea gestar, es fundamental que realice esta consulta, dado que en estos casos la  forma más efectiva de evitar malformaciones fetales, es mediante un adecuado control metabólico  desde antes de la gestación.

Durante el 1er. trimestre es relevante consultar al obstetra sobre cualquier medicación que se recete, pues el embrión  se encuentra en plena formación y es necesario evitar todo tipo de riesgo, para lo cual el profesional debe evaluar su administración según las circunstancias; así, si la paciente presenta un estado gripal con fiebre, será más importante evitar el efecto perjudicial de la fiebre sobre el embrión en desarrollo que el  riesgo mínimo que podría producir la medicación.

En esta etapa de la gestación este tipo de precauciones deben ser máximas; por ejemplo, si la embarazada acompaña a una persona a sacarse una radiografía, tendrá que  extremar los recaudos para no exponerse a los rayos. Del mismo modo, una embarazada profesional del campo de la salud,  debe prestar atención a exposiciones potencialmente perjudiciales; así, quienes trabajan en áreas quirúrgicas, no debieran exponerse durante los tres primeros  meses a los gases anestésicos; quienes  trabajan con sustancias tóxicas o tinturas, deben tener la precaución de no tomar contacto directo con esas sustancias, implementando medidas de protección, como el uso de guantes, etc.

En términos generales, la actividad física debe posponerse hasta luego de las 12 semanas de embarazo, especialmente la que implica demasiado movimiento o esfuerzo corporal. Puede mantenerse la práctica de la bicicleta y de la natación, por ejemplo, pero excepto que se trate de una atleta, tendrá que ser muy cuidadosa con el tipo y la intensidad de la actividad física que se practique.

En cuanto al ejercicio en sí, es recomendable que se realice en un área ventilada y con buena hidratación, pues en caso contrario se corre el riesgo de elevar exageradamente la temperatura corporal, lo que podría  perjudicar al feto en desarrollo.

El tipo de ejercicio a desarrollar puede ser con traslación de peso (caminar), portando peso pero sin traslación del mismo (bicicleta, en general fija) o con anulación de peso (natación). La práctica de la natación a ritmo moderado, es la más recomendable, pues ayuda a eliminar líquido retenido y a comprimir venas, como resultado de la presión que ejerce  la masa de agua sobre el cuerpo; incluso, la sola inmersión es beneficiosa por sí misma, independientemente de que se acompañe de la práctica natatoria. Cuando no sea posible practicar este deporte, otro buen ejercicio es el pedaleo en bicicleta fija sin resistencia.

Aunque pueda resultar obvio, vale la pena resaltar el  beneficio de la actividad física: evita un exagerado aumento de peso, consume calorías y disminuye la resistencia de los tejidos a la insulina, efecto potenciado durante la gestación que sólo puede atenuarse mediante una dieta sin excesos en la ingesta de hidratos de carbono y la actividad física regular.

Sobre el peso corporal, hay que resaltar que no es bueno que la embarazada pierda peso, excepto durante el 1er. trimestre en que debe considerarse como normal; por el contrario, la paciente debe registrar un incremento del mismo; por ejemplo, una persona que comienza su embarazo con un peso adecuado para su talla, podrá aumentar entre 12 y 14 kg, una paciente con un peso menor al adecuado podrá aumentar más y una paciente con sobrepeso u obesidad deberá aumentar menos. Luego del 1er. trimestre, el promedio de aumento de peso es de unos 500g por semana.

En otro orden, habitualmente el ejercicio físico adecuado no produce un aumento de las contracciones uterinas, dado que no genera estrés. Ahora bien, si se suma un factor de estrés, cualquiera sea, podríamos encontrarnos ante un caso de amenaza de parto antes de término. En estas circunstancias, el útero puede expresar su intolerancia a la situación mediante contracciones.

También es probable que a partir del quinto mes, la embarazada note que el vientre se le endurece de modo irregular. Se trata de un tipo de  contracciones que se caracterizan porque no tienen un ritmo ni son regulares y se exacerban con la actividad física, pero basta que la paciente descanse un rato para que cesen.

Al mismo tiempo es importante recordar la conveniencia de que  luego del 5º o 6º mes, la paciente descanse de costado, ya que si lo hiciera boca arriba se producirá la compresión de vasos importantes que se encuentran detrás del útero, condicionando una disminución de la cantidad de sangre que llega a la placenta.

A medida que se supera la mitad de la gestación, el feto inicia su etapa de mayor crecimiento, lo que implica que atraviesa un período de máxima actividad metabólica pero compartiendo una única circulación con su madre, de modo que cuanto más nutrientes consuma la madre, menos llegará a la placenta y al feto. Esto no debe generar alarma sino la toma de conciencia de que a medida que el embarazo avanza, la madre debe regular su nivel de actividad física para dejar sangre disponible para el feto. Esto se logra tomando una hora de descanso a la mañana y otra a la tarde, y mediante un adecuado reposo nocturno.

Respecto de la alimentación, además del balance entre el ingreso de calorías y su consumo mediante la actividad física, la embarazada no debe ingerir carnes poco cocidas ni verduras mal lavadas para evitar la posibilidad, entre otras, de contraer toxoplasmosis. Además, si tiene una mascota deberá evitar todo tipo de contacto directo con secreciones o excreciones del animal.

Se tendrá especial cuidado cuando se viaja a sitios donde se sospecha que el agua no es potable; en estas circunstancias se evitará  la ingesta de agua corriente, recurriendo a productos debidamente purificados.

Ya avanzada la gestación, la embarazada comenzará lo que se conoce como “curso de preparación anteparto”. En realidad, más que de un  “curso” se trata de una actividad en la que la embarazada comparte sus inquietudes y ansiedades con otras mujeres en igual situación, con lo que comprobará que lo que a ella le preocupa le está pasando a casi todas las demás con algunas variantes, al tiempo que aprende cierta terminología útil para comunicarse más adecuadamente con el equipo de salud y, de modo especial, tiene una idea de cuáles serán aproximadamente los hechos, con lo que atenuará su ansiedad para enfrentar un acontecimiento tan especial o totalmente desconocido, según el caso. Además, durante el desarrollo de este curso  será instruida con una serie de pautas de alarma para saber qué hacer ante situaciones especiales y cuándo consultar ante determinadas circunstancias.

Las últimas semanas del embarazo suelen vivirse con una ansiedad especial, por lo que se trata de un tiempo extremadamente importante para el feto, durante el cual adquirirá más refinadamente las respuestas neurológicas adaptativas a la vida extrauterina. En esta etapa el reposo materno es aun más importante.

Finalmente, el resultado por todos esperado, esto es, el nacimiento de un bebé en perfectas condiciones; pero ello no será un hecho casual sino el producto de una actividad conjunta  entre el equipo de salud y la paciente.
 
Concluyendo, la prudencia y la prevención son elementos indispensables para la etapa de gestación y para enfrentar un acontecimiento tan singular y tan rico en imprevistos y sensaciones, como es el nacimiento de un hijo.


Prof. Dr. R. Illia (UBA)
Jefe Servicio de Obstetricia
Hospital Alemán.


 
 
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